Carmen de Burgos

Carmen de Burgos Seguí. (Rodalquilar –Almería–, 10 de diciembre de 1867 – Madrid, 9 de octubre de 1932). Periodista, escritora, traductora, pedagoga y activista. Firma bajo el pseudónimo de Colombine.

Se casa a los 16 años y tiene tres hijos. Tras el fallecimiento de dos de ellos y tras su divorcio, parte hacia Madrid donde desarrolla su preocupación por los grupos sociales menos favorecidos.

Implicada en la causa republicana, lucha por los derechos de las mujeres y los niños, la oposición a la pena de muerte, el divorcio y el sufragio universal. Esta lucha se ve materializada en 1920 con la creación de la Cruzada de las Mujeres Españolas. Llega a presidir la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.

Al obtener el título de Maestra, es destinada a Guadalajara en 1901. Entre 1907 y 1909 es trasladada a la Normal de Toledo y en 1909 regresa a la Escuela Normal Central de Maestras de Madrid. Durante algunos años de su estancia en Madrid mantiene una relación con Ramón Gómez de la Serna.

En 1908 funda la Alianza Hispano-Israelí en defensa de la comunidad sefardita internacional. Su difusión se realiza a través de la Revista Crítica. En 1911 es nombrada profesora de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, trabajo que compatibiliza con clases a ciegos y sordomudos.

Fue miembro activo de diversas asociaciones como la de la Prensa o el Ateneo. Escribió cientos de artículos en periódicos madrileños como El GloboDiario UniversalLa Revista UniversalLa Correspondencia de España ABC entre otros, siendo la primera corresponsal de guerra en España. También escribió para otras publicaciones como Tribuna Pedagógica La Educación. Fue redactora de El Heraldo El Nuevo Mundo de Madrid.

Toda su lucha social se ve reflejada en sus escritos. Publica más de 50 historias cortas, muchas publicadas por entregas en El Cuento Semanal. Las más destacadas son: El tesoro del Castillo (1907), Senderos de vida (1908), El hombre negro (1916), La mejor film (1918), Los negociantes de la Puerta del Sol (1919), El “Misericordia” (1927) o Cuando la ley lo manda (1932).

Carmen de Burgos era célebre por su defensa de los derechos de la mujer, su ferviente actividad a favor del librepensamiento y la denuncia. No dudó incluso en ir hasta Marruecos para visitar a las tropas españolas. No lo hizo como un acto en defensa de aquella estúpida guerra, sino para mostrar su apoyo a la carne de cañón de mandos y políticos, el proletariado español que se batía y moría sin saber exactamente la razón. El viaje se produjo tras el desastre del Barranco del Lobo en el Rif en 1909, mientras trabajaba como corresponsal de guerra del diario El Heraldo de Málaga. Una vez de vuelta a Madrid, publicó el artículo «¡Guerra a la guerra!», la frase célebre del anarquismo, en el que defendía a los pioneros de la objeción de conciencia. Un año antes de su fallecimiento, aunque ya pertenecía a la masonería, fundó la Logia Amor nº1, de la que era Gran Maestre y dependiente de la masculina Mantua (era imprescindible que toda logia femenina fuese patrocinada por una logia masculina), y que pronto contó con sucursales en varias ciudades del país.

Había sido iniciada en la masonería por sus amistades en una época en que era muy frecuente que el mundo del arte y la literatura estuviera fuertemente conectado con el mundo de las hermandades. Sin embargo, fue su íntima amiga, la portuguesa Ana de Castro, también feminista y también masona, quien la inició en los misterios de la Orden.

Entró en la Logia Amor el 2 de diciembre de 1931, poco antes de morir. Entre las mujeres que también entraron en la Orden estaban su hija María Álvarez de Burgos, su hermana Catalina, Gloria Carbonell, Mercedes Fernández, Elena Fojó, María Gutiérrez, Eulalia Tabada, Jane Blanc, Blanca Alonso, Rosario Cuartero, Ana Fiorini, Mª Teresa Guinle o la famosa Hildegart, entre muchas otras. No tuvo una gran longevidad. La guerra, lógicamente, acabó con esta, pero unos meses antes ya languidecía por problemas económicos.

Pero tampoco perdió el tiempo. Tras su fundación, entre los actos que organizó destaca la conferencia que impartió en su local nada más y nada menos que Henry Bergson, escritor, filósofo y Novel de Literatura en 1927, y que dio cuenta una revista librepensadora y masónica como Latomia (1933) a través del testimonio de Hildegart: «El triángulo simbólico de la masonería, “Libertad, igualdad, fraternidad”, cuyos tres lados—proponía con singular acierto el H. Bergson en una conferencia que tuve el singular placer de escucharle en la Logia Amor—podrían rotularse con la declaración de “Justicia, Paz y Solidaridad”, se sustituye por tres términos, no ya de concordia, sino de rencor: “Revolución Social”, “Dictadura del Proletariado”, “Lucha de clases”, y tiene su exponente en la famosa “Carta de los Derechos del Proletariado”, cuya paternidad se achaca a Lenin, no sabemos si con justicia. Se ha desnaturalizado el concepto del “Hombre” para escindir en clases de un lado al trabajador, merecedor de todos los derechos, que ejercerá por la dictadura sobre las otras clases vencidas, y de otro, a burgueses y capitalistas». Incluso Bergson pertenecía al comité de redacción de la revista, como figuraba en esta misma. Por entonces cada semana se hablaba de las ideas del filósofo, se publicaban reseñas de sus conferencias o se debatía en los periódicos. En España Bergson estaba de moda. Unamuno discutía sobre su pensamiento, lo mismo que Pío Baroja. La charla tuvo lugar al poco de fundarse la Logia Amor.

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